domingo, 20 de junio de 2010

Nuestra Bandera




El 20 de Junio se conmemora otro aniversario más del fallecimiento del creador de la enseña que representa a nuestra Nación, que vio la luz de este mundo en lo alto de los barrancos del Paraná, por obra y gracia de unas circunstancias excepcionales y de unas necesidades urgentes.
Quiso el destino que su creador fuera el general Belgrano, miembro preclaro del grupo mas intransigente y rebelde de aquellos que estuvieron actuando en los albores de la República, seguramente inspirado más en la libertad que se estaba forjando que en el cielo que cubre esta tierra.
Con la creación de nuestra bandera, se da uno de los extraños casos en que el “artesano” y su obra se confunden en un todo que es imposible escindir, porque comparten una misma esencia. Ante las necesidades militares que exigían contar con una divisa distinta a la de los ejércitos enemigos para evitar que cundiera el desorden en el momento de la batalla, igualmente se erigía una imperiosa exigencia de contar con un símbolo en el cual la misma Nación se encontrase representada, que la inspirase para obtener la victoria o la confortase ante la catástrofe.
En la construcción de nuestra Libertad, la figura del general Belgrano ocupa un lugar destacado, sin lugar a dudas. Ante la derrota del sector liderado por el gran Mariano Moreno, él deberá alejarse del poder hacia un ostracismo en el cual continuara sirviendo a la naciente República con el mismo fervor y entrega. Es derrotado en la expedición al Paraguay, pero con sus palabras y argumentos logra lo que no había logrado con las armas, y pronto los mismos paraguayos demolerían el edificio de la dominación española y establecerían su propia Junta. En una tarea enorme, levanta del abatimiento al Ejército del Norte, y en un acto de rebeldía suprema desoye las órdenes de retroceder hacia Buenos Aires y abandonar la mayor parte del territorio a los realistas, coronando su insubordinación con la brillante victoria de Tucumán, con la cual detuvo sin atenuantes, aquella invasión.
Aquellos logros militares son apenas una faceta mínima de un genial político, de un gran hombre y patriota. Con la creación de la Bandera, un día 27 de febrero de de 1812, intenta forzar desde su puesto el acto sagrado hacia el cual dirigía todos sus esfuerzos, y que recién llegaría el 9 de julio de 1816, precisamente en Tucumán, la ciudad que había sido salvada por el valor de un puñado de soldados secundando a un jefe que no había respetado sus ordenes.
Es necesario tener en cuenta que a pesar que le ordenan “guardar” aquella primera bandera argentina, aquella autentica declaración de principios que se hizo cuando mando a arriar ese pendón frente a la tropa formada, no quedaría acallado, sino que aumentaría su intensidad, inclusive dando energías a aquellos que ofrendaban lo mas preciado del ser humano en los momentos en que la derrota parecía inminente.
Pocos años después, otro insubordinado, aunque mucho mas célebre que Belgrano, inspirado por los mismo ideales que él, encabezaría una expedición cuya divisa sería la bandera celeste y blanca, y que batallaría hasta izarla en lo alto de la fortaleza del Real Felipe, en el Callao, en la que ondearía con una gloria idéntica a aquella que tuvo al flamear por primera vez, teniendo como marco los poderoso barrancos del Rosario. Y no es posible olvidar las proezas de nuestros primeros navegantes llevando orgullosos en las proas de sus barcos, una enseña que demostraría al mundo entero que una nueva Nación empezaba e existir por su propia convicción y fuerza, forjada por el sacrificio de hombres y mujeres libres.
En el marco del Bicentenario de la Revolución de Mayo, tenemos la valiosa oportunidad de reflexionar profundamente sobre un símbolo tan elevado, y sobre el hombre que fue su creador. El 20 de Junio de 1820, moría uno de los grandes dirigentes de la Revolución, que junto con Moreno, Castelli, Rodríguez Peña, entre otros tantos, conformaban el núcleo auténticamente patriota y renovador, que deseaban por sobre todo hacer de esta tierra una NACIÓN INDEPENDIENTE Y GRANDE, en que las dichas de la Libertad fueran patrimonios de todos sus ciudadanos, que se convirtiera en un faro que iluminara todo el Sur. Y esos ideales por los cuales sacrificó absolutamente todo, fueron los que le dieron el derecho a una inmortalidad esplendente, que subsistirá mientras la misma Argentina exista.
Aquí estamos nosotros, observando las banderas argentinas adornando cada casa, cada rincón de esta Nación, y viendo en ellas no solo un símbolo de lo mejor de nosotros, sino una realidad tangible. En estos días podemos ver que los viejos ideales renacen vigorosos y remozados, y de nosotros depende que la Bandera de nuestra Argentina siga avanzando hacia un horizonte repleto de felicidad y de justicia; pero sobre todo, Libre.

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